Te acercas y me inundas de ti, de tu aroma, suave, sutil, casi imperceptible pero inconfundible. Miro a mi alrededor y me pregunto si alguien más lo nota. Creo que no, quiero creer que no, que sólo yo disfruto del pequeño placer que supone olerte.
Cierro los ojos y aspiro. No necesito hundirme en tu pelo para sentirlo.
¿A qué hueles? Desde el primer día me lo pregunto, no es tu perfume cambiante, ni tu ropa, tampoco el jabón que usas, puedo distinguir esos olores en ti, pero no es ese el aroma que me marea. Eres tu. ¿A qué hueles?
Ese olor indescriptible que se me queda en el cerebro. Ese deseo, ese recuerdo. Cuando estás me lleno los pulmones de tu olor, de ti, intentando retenerte. Luego te recordaré y me preguntaré a qué hueles.